Júlia Cuchí Vila: «Mis vivencias en el Europeo»

La palista fragatina Júlia Cuchí participó en el Campeonato de Europa de Piragüismo, en la modalidad de slalom, que se celebró en la localidad de Bratislava en el mes de agosto. En su crónica nos cuenta sus vivencias tras esta nueva competición internacional.

Crónica de Júlia Cuchí sobre su participación en el Campeonato de Europa de Piragüismo:

En el mes de agosto se celebró en Bratislava el Campeonato de Europa de Piragüismo, en la modalidad de slalom. Tras un año fuera del equipo, regresé al equipo sub23 después de clasificarme en el selectivo del Campeonato de España.

Un año emocionante, pues ha sido mi última competición en esta categoría. Sí, el tiempo pasa rápido, muy rápido. Para mí, haber podido estar otra vez en la salida de una competición internacional es un gran reto, pues en estos dos últimos años no ha sido fácil y cada día ha sido más una lucha que un placer hacer lo que más me gusta. La verdad es que, cuando cambias el concepto a aquellas cosas en las que tanto crees, parece que todo se derrumba; pero solo lo parece, por suerte.

También tengo que añadir que, después de muchos años en este deporte y formarme como deportista de alto nivel, esta modalidad creo que es una de las más complejas y sorprendentes, ya sea tanto en entrenamiento como a nivel de resultados. Como estudiante de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, y Fisioterapia, puedo decir que rompe todos los esquemas estudiados, por lo que entre los piragüistas podríamos hacer una ciencia solo para este deporte.

El canal de Bratislava se caracteriza por ser uno de los canales más caudalosos y estar en el medio del Danubio. Tiene un gran desnivel durante todo su recorrido, hasta el final, donde se encuentra el famoso salto, Niagara Fall. Así que ya os podéis imaginar el tamaño de este salto. Impactante para el espectador y para el piragüista cuando lo salta; revolotean las mariposas por el estómago. Allí es todo de talla grande, rulos grandes, olas grandes y deflectores enormes. Y, para ser sincera, uno de mis lugares favoritos para remar.

Una vez ya en Bratislava, empezaron los entrenamientos oficiales, la verdad que con malas sensaciones y un poco retraída en mi navegación. La semana pasó rápido y ya estábamos en la línea de salida.

Es inevitable, después de tantos años, levantarse la mañana de competir y no pensar en el circuito, empezar a analizarlo desde la cama y empezar a sentir cómo tu tripa empieza a moverse y el corazón late más y más rápido, cuando ni siquiera te has puesto de pie.

Llegó la hora de las clasificatorias y, la verdad, es que estaba muy nerviosa; no recordaba haber estado tan nerviosa antes de una salida desde hacía tiempo. Ya en la línea de salida, notaba que el corazón me iba a salir de la zona torácica. Respirar profundamente, y a remar.

Las sensaciones durante la bajada fueron muy buenas y manteniendo todo lo acordado conmigo misma cuando analizaba el circuito a la mañana. Presencia y energía fueron las claves para realizar una buena bajada y entrar en la primera tanda, donde entraban las 15 primeras. Quedé en 8ª posición y no tuve que hacer una repesca, donde entonces solo entraban 5 más; 20 en total para hacer la semifinal.

El proceso de semifinales fue muy parecido al de semifinales, aunque algo más tranquila. Un circuito más agradecido a una navegación más libre y fluida.

Mi bajada estaba siendo la más rápida del momento hasta el segundo parcial (puerta 15 de 21). Tras la bajada en el Niagara Fall, no tuve control sobre mi punta del kayak, perdiendo así la trayectoria para hacer la última puerta (remonte) y me caí al final de la contra, perdiendo 5”-7” hasta salir y perdiendo así también la final.

Emociones agridulces tras terminar, porque las sensaciones eran muy buenas, la bajada y navegación también, pero pagué caro el despiste. Pero, aún así, muy contenta, pues considero que ha sido una de mis mejores navegaciones en una competición de gran tamaño. Cierro una etapa de mi carrera deportiva muy emotiva, que tanto me ha enseñado a vivir y a conocer cosas de mí que ni tan solo pensaba que podía llegar a hacer.

Gracias, Fraga, por vuestro cariño tan grande que siempre recibo. ¡Enormemente agradecida!

FOTO: Peter Prazenka.

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