Valentín Florentín: geografías personales

Las Salas Viladrich del Palacio Montcada acogen, hasta el 24 de marzo, una exposición de acuarelas de Valentín Florentín.

Nació en Maluenda, Zaragoza, en 1957. En 1980 vino a vivir a Fraga y aquí, tres años después, expuso por primera vez sus acuarelas. Desde entonces ha participado en numerosas muestras, salones y exposiciones de carácter individual y colectivo, en los que ha logrado abundantes premios y menciones. Este 2019 vuelve a exponer en Fraga y, en esta ocasión, lo hace en las Salas Viladrich del Palacio Montcada.

ENTREVISTA A VALENTÍN FLORENTÍN

¿Es la primera vez que expone en esta sala?
Sí, y es un privilegio. Esta es la quinta exposición que hago aquí en Fraga, pero todas las anteriores han sido en la Sala de Arte del Cegonyer, que ya no existe.

¿Y qué tiene de especial?
Primero, asusta mucho, porque es muy grande. Siempre dudé de que pudiera completarla. Y tiene de bueno las paredes, la amplitud, los espacios…

¿Es importante la sala a la hora de exponer?
Sí, porque si te falta espacio, los cuadros no lucen la mitad. Además, aquí se le ocurrió a Carolina Gonzalo (técnico Coordinador de Cultura), proyectar pequeños poemas que, junto con los cuadros, crean un conjunto uniforme.

¿También escribe?
Sí, hago de todo, de tiempo libre tengo mucho. Los escribí para confeccionar un catálogo, empecé a seleccionar fotos de cuadros y, para completar el espacio que tenía, se me ocurrió escribir algo que hiciera alusión a la pintura: paisaje, musa, paleta, aguada, pincel… Son unos poemas cortos y concisos.

¿Cuántas obras alberga la exposición?
Treinta y dos. Normalmente mis exposiciones no son tan grandes, busco algo más pequeño; si no, no doy a basto a pintar.

¿Qué nos muestra en estas obras?
Son obras que he pintado desde la última vez que expuse en Fraga, hace once años. En cuanto a la temática, yo siempre pinto paisajes, que me encantan. De hecho, titulo la exposición Geografías personales, porque son los paisajes en los que yo me muevo: Pirineos, Sierra de Guara, mi zona del Monasterio de Piedra, de la comarca de Calatayud… Son una mina de paisajes y de inspiración para una persona inquieta como yo. Siempre llevo un bloc, una cajita de acuarelas y un lápiz. Hago el boceto y, si no puedo pintar en el lugar, lo hago en el estudio.

¿Siempre ha pintado acuarelas?
Sí, yo no sé pintar de otra manera. Al principio, no… Cuando era pequeño y no teníamos dinero para comprar pinturas, lo hacía con lápices y carboncillos, a veces con sanguinas, siempre monocolor. Hacía retratos, sobre todo. Vine a Fraga en 1980, me crucé con una exposición de acuarelas, que vi en Bilbao, de donde yo salía, que me cautivó. Y desde entonces, no he pintado nada más que acuarelas. Y no creo que pruebe otra cosa, porque esto es especial…

¿Qué tiene de especial la acuarela?
Su luminosidad, frescura y transparencia. No huele y no la tienes que dejarla secar, como en el óleo. También es una pintura breve, en la que tienes que concretar lo que quieres pintar casi en el momento. El trabajo se hace de una tirada, es más espontáneo. Al empezar una de estas acuarelas, tengo que tener claro lo que quiero, ya que luego casi no se puede corregir. Puedes borrar o corregir, una vez, pero ya no dos, porque deterioras el papel y pierdes en transparencia y espontaneidad. La mejor corrección es romperla y volver a empezar.

¿Es una técnica que exige pensar mucho?
Más que pensar, es cuestión de ser atrevido: saber lo que quieres, hacer un boceto primero y una vez que empiezas… Siempre lo he comparado con un descenso de galeras, de los que se celebran en las fiestas del Pilar: pones la galera en el Castillo y para abajo. Puedes pegarte un tortazo en la primera curva o hacer una bajada gloriosa. Pues es lo mismo. Esto se pinta mientras el papel está húmedo: mojas el papel, empiezas por los fondos y vas montando una aguada sobre otra, un plano sobre otro, un volumen sobre otro… Y si lo llevas bien y no te equivocas, logras esa transparecencia y espontaneidad.

¿Cuánto tiempo le lleva pintar una de estas acuarelas?
Las de paisajes, dos o tres horas desde que empiezo a pintar. Pero, primero, visito el lugar, lo observo, pienso y calculo cómo voy a pintarlo… La preparación me puede llevar dos o tres días.

¿Con qué se siente más a gusto? ¿Con los paisajes o retratos?
No encuentro ninguna diferencia. Aunque prefiero el paisaje, pinto de todo. Cuando tengo muchos paisajes y no hay exposiciones a la vista, me dedico más a pintar retratos y caricaturas, que no me exigen tanto. También pinto bodegones o, después de algún viaje, cuadros más étnicos.

¿Con qué frecuencia pinta?
Depende de la época o los cuadros pintados que ya tenga. Puedo pasarme dos o tres meses sin tocar un pincel y luego, de repente, me entran ganas de pintar sobre algunos bocetos y paisajes pendientes y paso tres días en el estudio, prácticamente sin salir.

¿Cómo aprendió a pintar?
De forma autodidacta, no he ido a clases. Mi mujer María me regaló un libro de método y empecé a seguir sus pautas, a copiarlas. Hasta que un día decidí pintar por mí mismo y salí a la calle para prepararme mis propios bodegones. Me preocupé de que mis cuadros estuvieran pensados, hechos y acabados por mí. Me atreví cada vez más. También he aprendido de otros acuarelistas, de las exposiciones…

¿Hay un progreso, una evolución, en sus trabajos?
Sí. En primer lugar, en la composición. Antes pintaba las cosas como las veía, tal y como estaban. Ahora pinto cada elemento donde luce mejor, donde encaja. También se nota la destreza con el pincel y la calidad de los materiales. Y en cuanto al formato, cada vez pinto más grande y me atrevo con otros formatos, como el vertical.

¿Sus otras aficiones, además de la acuarela?
Toco la guitarra, escribo algunas letras de canciones, pero sobre todo tengo mucha afición al deporte, por ejemplo, a la bicicleta de montaña.

¿Por qué no debemos perdernos esta exposición, Geografías personales?
Estas acuarelas son unas pequeñas ventanas que nos traen los paisajes del Pirineo o de Monegros, es una manera de asomarnos a la geografía de nuestra zona. //

Horarios EXPOSICIÓN:
de martes a sábado de 17 a 20 horas
domingos y festivos de 11:30 a 13:30 h. y de 17 a 20 horas
lunes no festivos, cerrado

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